¿Cómo crear tu propio estilo artístico?

Mi mayor desafío artístico siempre fue poder ser capaz de escuchar y conectarme con mi intuición. Siempre lidié con mi voz auto-crítica y, sobre todo, con mi perfeccionismo.

Pero en los últimos dos años, cuando mi aspiración a ser ilustradora se solidificó, empecé a ser más consciente de mis momentos de bloqueo y mi evitación a sentarme a dibujar (con algo de presión, ya que había recién empezado a promover mis dibujos y trabajar independientemente). Me distraía con otras actividades o no le dedicaba demasiado tiempo a la producción, casi como si le tuviese miedo! Pero en realidad, a lo que temía era al fracaso, a crear algo mediocre y que no cumpliese con mis exigentes y ridículos standards.
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Algo que pude entender y aprender con el tiempo, es la importancia de esos “fracasos” u obras malas. Su importancia en sí está en el hecho de dejar fluir, en la experimentación. A todos nos surgen ideas que consideramos clichés o muy superficiales, pero en definitiva, el mejor remedio para crear algo bueno es permitir que nazcan. Cuando nos obsesionamos en la búsqueda por algo sumamente original y superior, lo único que logramos es desgastarnos y estancarnos en un pequeño pozo de nuestra propia soberbia (lo sé muy bien, y me sigue enroscando de vez en cuando!)
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Todas las personas vamos a toparnos con conclusiones y conceptos parecidos o casi iguales, pero la originalidad no reside en la idea misma, sino en nuestra propia interpretación y manifestación. Es común pensar que fácilmente nos pueden robar o quitar una idea, pero su esencia siempre va a ser única como nuestras huellas digitales. Venimos de lugares distintos, portando nuestras propias mochilas de experiencias. Y si sabemos esto, es más sencillo entender que la creatividad abunda por doquier, en cualquier forma.
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Dicho esto, cuando empezamos a incorporar este concepto de abundancia, nos es más fácil celebrar y apreciar las obras y el éxito de nuestros colegas, en lugar de sentir envidia, inferioridad o lo opuesto; soberbia, (que en realidad proviene del mismo lugar) y además, celebrarnos a nosotros simultáneamente!
 Lo mejor que podemos hacer por nosotros es tomar un par de esas ideas y actuar sobre ellas, por más que lo que logremos sea un simple boceto, en vez de esperar días, semanas o meses sólo hasta que aparezca esa obra maestra digna del Musée Du Louvre.
Puede que no nos sintamos confiados o inspirados de a momentos, pero si les damos una oportunidad, hay una buena chance de que nos sorprendan! Y si no quedamos satisfechos, e incluso un poco (o bastante) frustrados, nos podemos dar una palmadita en la espalda por haberlo intentado. Quién sabe? Quizás con el correr del tiempo, mientras estamos distraídos, esa idea puede seguir madurando y floreciendo hasta convertirse en un éxito, algo de lo que podríamos estar orgullosos.
Al ejercitar esto, de a poco vamos aprendiendo a que nuestra voz perfeccionista haga su labor (en la medida apropiada) después de dar el primer paso, y no antes, para poder prevenir descartes definitivos y encarar el canvas cada vez con mayor entusiasmo.
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